"Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia" Proverbios 4:7
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jueves, 22 de octubre de 2009

Abrir el Corazón III - El poder de las caricias

A mi hermana Maritza: eres una asombrosa y maravillosa bendición en mi vida; tu cariño, tu lealtad y tus constantes palabras de reconocimiento y afecto tienen un valor incalculable para mí. ¡No te imaginas cuanto te quiero!!


Cada uno de nosotros experimenta la necesidad de ser reconocidos y acariciados por los demás. El análisis transaccional se refiere a las caricias como todos esos contactos que nos brindan el reconocimiento de los otros y, como dijimos en otro artículo, pueden ser físicos (un abrazo, una palmada en el hombro, un beso), verbales (afirmaciones que reconocen algún atributo de la otra persona) y caricias en acción (escuchar atentamente a la otra persona, tener pequeños detalles, ayudar al otro).

Esta necesidad de recibir “caricias positivas” es evidente desde la infancia, pues está demostrado que los niños que no tienen contacto humano no sólo no crecen normalmente desde el punto de vista físico y mental, sino que incluso esta carencia puede causarles la muerte. Ese contacto físico lo reciben normalmente los niños cuando son alimentados, aseados, mecidos y acariciados por sus padres y quienes los cuidan.

La falta de suficientes caricias positivas siempre tiene efectos perjudiciales en los seres humanos; hay menor vitalidad, menos esperanzas, llegando incluso a la depresión. El rango de las caricias positivas va desde un simple “hola” hasta un profundo encuentro íntimo. Algunas caricias son simplemente encuentros superficiales pero, aunque carecen de contenido significativo, mantienen la comunicación abierta.

Algunas formas de caricias positivas son:
- Expresión de afectos o sentimientos de aprecio: “Es un placer trabajar contigo”, “Estoy feliz de tenerte como hijo”, “Me salvaste el día al ayudarme con ese reporte”
- Elogios: “Luces como para una portada de revista”, “Tu informe es preciso, completo y justo lo que queríamos”, “Bailas genial”
- Escuchar: en este arte lo más importante es enfocarse en el otro. Es válido parafrasear lo que el otro dice, o reflejarle al otro lo que pensamos que está sintiendo para asegurarnos que comprendimos y para abrir puentes de comunicación. En fin, se trata de una escucha empática buscando comprender al otro antes de intentar ser comprendido.

Desafortunadamente, a pesar de que nuestra naturaleza pide abundancia de caricias, éstas no siempre fluyen libremente ni siquiera entre personas que se aman. Esto sucede porque pocas personas pueden expresar lo que sienten con libertad; la mayoría tiene inhibiciones para dar, recibir y pedir caricias. ¿Alguna vez has sentido un gran deseo de decirle a alguien que lo querías o que te sentías muy bien con él y no fuiste capaz de hacerlo? ¿Te has preguntado si un familiar, enamorado o amigo te quería, cómo y por qué razón y no te has atrevido a preguntarle directamente? Esto ocurre porque tenemos dentro de nosotros una voz crítica, llamada por el análisis transaccional el “Padre Crítico” que nos trasmite las siguientes normas:
- No des las caricias que desees dar
- No pidas las caricias que deseas
- No aceptes las caricias que deseas
- No rechaces las caricias que no deseas

Steiner (2002) aconseja que siempre que vayamos a tener un intercambio emocional, como es el caso de dar caricias, debemos seguir estas normas básicas:

- Pedir permiso y respetar los límites y los sentimientos de los demás (por ejemplo: “¿Puedo decirte cual es tu mejor cualidad para mí?; o “Hay algo entre nosotros que no me gusta, ¿puedo decírtelo?")
- Ser honesto.
- Ser valientes y rebelarnos contra esa voz crítica.

Las caricias positivas dejan a las personas sintiéndose bien, vivas e importantes. Como afirma Steiner (2002), “una caricia funciona porque es un acto de bondad y amor que se ofrece a otra persona… si descubrimos, como es frecuente, que estamos privando a los demás de nuestro amor, debemos hacer algo al respecto para lograr finalmente una actitud más afectuosa”.

Se valiente… abre tu corazón
.


Mayte Alayón Afonso, Octubre de 2009



Referencias Bibliográficas:

- James, Muriel y Jongeward, Dorothy (1971). "Born to Win". Estados Unidos de Norteamérica. Signet Publisher.
- Steiner, Claude (2002). La Educación Emocional. Madrid. Editorial Punto de Lectura.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Naciste para ser un verdadero ganador

Tomado de “Born to Win” de Muriel James y Dorothy Jongeward.

Tradicionalmente se entiende que un ganador es aquél que ha conquistado éxitos en su vida personal y profesional; esa persona que se lleva al mundo por delante, que se siente por encima de los demás; esa persona que dejando de lado quien verdaderamente es, se basa en estándares externos y superficiales para definirse como tal: un buen salario o negocio próspero, ropa de última moda, etc. La realidad es otra, pues detrás de esto suele haber vacío, insatisfacción e infelicidad.

Todos nacimos para ser verdaderos ganadores, sólo debemos cultivarnos y trabajar en nuestro desarrollo personal para adquirir los rasgos que definen a un verdadero ganador:

- Lo más importante para ser un ganador no es lograr cosas, sino la autenticidad: la persona auténtica experimenta su propia realidad siendo una persona genuina y sensible; y comprende su cualidad de ser única, sin precedentes, y aprecia la misma cualidad en los demás. Las personas auténticas pueden mostrarse a sí mismas tal como son en lugar de proyectar una imagen que complazca o que intimide a los demás. Los ganadores no necesitan esconderse detrás de una máscara, ellos se deshacen de auto imágenes no realistas de superioridad o inferioridad.

- No tienen miedo de usar su propio conocimiento. Ellos pueden diferenciar hechos de opiniones y no pretenden tener todas las respuestas.

- No juegan a ser “víctimas” ni tampoco a culpabilizar a otros; por el contrario, asumen la responsabilidad por sus propias vidas.

- Responden apropiadamente a las situaciones. Sus respuestas son acordes al mensaje enviado y respetan el significado, valor, bienestar y dignidad de las personas involucradas.

- Consideran que el tiempo es valioso; ellos no matan el tiempo (atándose al pasado ni preocupándose por el futuro), sino que viven en el aquí y el ahora, es decir, conocen su pasado, están alertas y viviendo en el presente, y miran de cara hacia el futuro.

- Aprenden a conocer sus propios sentimientos y limitaciones y a no temerlos. Pueden dar y recibir afecto, y tienen la capacidad de amar y ser amados.

- Pueden ser espontáneos. Tienen entusiasmo por la vida, disfrutando trabajar, jugar, comer, el compartir con las otras personas, el mundo y la naturaleza. Sin sentir culpa, se complacen en sus propios logros y, sin envidia, disfrutan de los logros de los demás.

- Aunque pueden libremente disfrutar de sus vidas, pueden también posponer el disfrute, disciplinarse a sí mismos en el presente para aumentar su disfrute en el futuro. No temen ir tras lo que verdaderamente quieren, pero lo hacen por medios apropiados: los ganadores no buscarán obtener su propia seguridad controlando a los demás.

- Tiene cuidado del mundo y su gente. No está aislado de los problemas generales de la sociedad, sino que es compasivo y comprometido para mejorar la calidad de vida. La autoimagen de un ganador no es de falta de poder personal, sino que trabaja para hacer del mundo un mejor lugar.

Pocas personas son totalmente ganadoras o totalmente perdedoras, sino que son ganadoras en unos aspectos y perdedoras en otros, sin embargo creo que todos tenemos el potencial de ser un ganador, una persona genuina y llena de vida.

En próximos posts estaremos viendo algunas herramientas para lograr este cambio, para lograr ser verdaderos ganadores, realizando el potencial para el cual nacimos.


Mayte Alayón Afonso, San Antonio de los Altos, Agosto 2009

Referencia Bibliográfica:
James, Muriel y Jongeward, Dorothy (1971). "Born to Win". Estados Unidos de Norteamérica. Signet Publisher.

jueves, 30 de julio de 2009

Abrir el corazón II: Declarar sentimientos y revelar conjeturas


A mi querida amiga Kemy, porque nuestra maravillosa amistad no fluyó al comienzo de manera “natural” sino que fue el resultado del esfuerzo de ambas por comunicarnos y comprendernos; llevando a la práctica enseñanzas como ésta y… el resultado sigue brillando a pesar del tiempo y la distancia.

Siguiendo las enseñanzas del Dr. Steiner (2002) para aprender habilidades emocionales, hay dos pasos importantes en el proceso de abrir el corazón que quiero compartir con ustedes. Como decíamos en el post anterior, es algo que debemos aprender y esforzarnos por llevar a cabo porque a la mayoría de nosotros no se nos dará fácilmente, pero sus resultados bien valdrán la pena:

1.- La declaración de acciones/sentimientos:
Se trata de expresar de manera simple y objetiva, sin agredir o culpabilizar a la otra persona, las emociones que sentimos como resultado de sus acciones; evitando que se ponga a la defensiva, porque no le estamos juzgando. Vamos a usar una fórmula sencilla:

“Cuando tú (acción), yo sentí (emoción)”

Ejemplo: “Juan, ayer cuando llegaste tarde a nuestra cita me sentí molesta”

Tal como afirma Stenier (2002) en la educación emocional “ningún acontecimiento es demasiado pequeño como para no ser tenido en cuenta“, porque frecuentemente hechos triviales revelan problemas más serios como por ejemplo, inseguridades personales o dificultades recurrentes en la relación.

En cualquier conflicto emocional, puede ser necesaria una serie de intercambios de estas declaraciones porque éstas tienen un efecto clarificador, y nos permite separar el conflicto en dos partes: lo que sucedió y lo que uno sintió.

La clave está en no adjudicar motivaciones o calificaciones a la acción; lo que sucedería si dijésemos en nuestro ejemplo: “Juan, ayer cuando me humillaste al llegar tarde…” Estos añadidos son los que no permiten aclarar las cosas, a menudo son infundados y crean culpa y enfado; debemos en este punto expresar nuestras emociones (rabia, vergüenza, tristeza, miedo, etc.), no nuestras ideas acerca del porqué el otro actuó como lo hizo.

2.- Revelando nuestras conjeturas o intuiciones
La intuición es una herramienta emocional poderosa porque nos permite tomar decisiones cuando no tenemos suficiente información sobre los hechos. Sin embargo, las intuiciones deben ser constatadas antes de actuar. Como es frecuente el que no nos comuniquemos bien, a menudo nos valemos de la intuición para “adivinar” qué es lo que el otro está pensando o porqué actúa de determinada manera. Lo que sucede es que muchas de nuestras emociones son negativas en estos casos y nuestras intuiciones pueden resultar “paranoicas”, al menos en parte. Como hay muchas cosas de las que nunca se habla, podemos generar conjeturas e intuiciones que, si no contrastamos con la realidad, se puede dañar seriamente la relación.
Es sano para cualquier relación hacerle saber al otro nuestras conjeturas o intuiciones para determinar si estamos en lo cierto o no; y, de la misma manera, es sano que, al escuchar la conjetura o intuición del otro, le seamos sinceros y reconozcamos qué parte de su conjetura es verdad y qué parte no.
Ejemplo:
Isabel: “María, tengo la sensación de que me crees tonta o poco talentosa, porque en las reuniones de trabajo me interrumpes y no tomas en cuenta mis ideas. ¿Es así?"
Supongamos que lo que sucede es que Isabel siente que María divaga mucho cuando habla, entonces puede decirle: “es cierto que te interrumpo, no es que piense que no tengas talento, pero pienso que divagas mucho para comunicar tus ideas y que deberías ser más precisa. Lo siento, no quise hacerte sentir así”.
No va a ser fácil confirmarle al otro sus conjeturas pero es indispensable la honestidad, y reconocer qué parte de la intuición del otro (si no es toda) es cierta; descalificar la intuición o conjetura del otro puede realmente destruir la relación.

Siempre insisto en que estas prácticas de educación emocional no son siempre fáciles, y es que culturalmente esto no se enseña ni se vive; es necesario el esfuerzo y la honestidad y el respeto a las propias emociones y las de los demás; esto permitirá que nuestras relaciones se sanen y sean más enriquecedoras.

Como decía en el post anterior: Abre tu corazón, no te pierdas lo más hermoso de la vida.



Mayte Alayón, San Antonio de los Altos, Julio 2009



Referencia bibliográfica: Steiner, Claude (2002). La Educación Emocional. Madrid. Editorial Punto de Lectura

martes, 14 de julio de 2009

Abrir el Corazón: recuperar la capacidad de amarnos a nosotros mismos y a los demás.

Amarnos a nosotros mismos y amar a los otros no es una capacidad que desarrollamos de manera fluida, de hecho en la mayoría de las personas esta capacidad está truncada o deteriorada: viviendo en un estado de embotamiento donde hemos perdido contacto con la mayor parte de nuestros sentimientos, pues habiendo experimentado incidentes traumáticos los olvidamos, no nos percatamos de cómo nos sentimos y no conocemos a nadie confiable con la capacidad de escucharnos con la suficiente paciencia para ayudarnos a discernir estas cosas.

El origen de nuestra falta de educación emocional lo hayamos en nuestra infancia. Aunque nuestros padres no hayan sido abusivos o alcohólicos, sin embargo por su propia falta de educación emocional pueden habernos negado el afecto que necesitábamos o lo han utilizado para controlar nuestro comportamiento: “si te portas bien, te quiero; si te portas mal, no te quiero”; lo cual nos condiciona a ocultar lo que sentimos y lo que realmente queremos. Por otra parte es común que nuestros padres se ocupen de nuestros problemas más evidentes, como las notas, que cumplamos las normas o hábitos requeridos; pero no es frecuente que se interesen por nuestros temores, vergüenzas, sentimientos más sutiles; muchos padres jamás preguntan a sus hijos cómo se sienten y tampoco hablan con ellos de sus propias emociones.

Nuestra dañada capacidad emocional se extiende incluso a nuestra vida sentimental donde las heridas del pasado nos impiden darnos completamente al otro sin secretos y sin distancias que usamos como barreras para protegernos; perdiéndonos “de la más dulce de las experiencias; amar a alguien profundamente y sin reservas” Steiner (2002). Casi todos sentimos la necesidad de comprender más al otro y ser más comprendido y sabemos que sentir plenamente nuestras emociones son experiencias ricas y valiosas que queremos que formen parte de nuestra vida. Para lograr esto necesitamos la educación emocional. El primer paso de este maravilloso camino hacia la educación emocional consiste en “Abrir el Corazón” Steiner (2002).

Para abrir nuestro corazón y permitir que éste florezca necesitamos intercambiar contactos positivos, o, como es denominado por el Análisis Transaccional, intercambiar caricias positivas. Éstas pueden ser físicas (un abrazo, una palmada en el hombro, un beso, etc.), verbales, es decir, afirmaciones que reconocen algún atributo de la otra persona y caricias en acción: escuchar atentamente a la otra persona, tener pequeños detalles, ayudar al otro. Las caricias tienen diferente intensidad, las más intensas son aquellas que la persona más desea recibir. Para dar y recibir caricias positivas con libertad debemos vencer nuestras propias resistencias, pues generalmente se trata de algo que no hemos cultivado y por tanto no siempre se nos da espontáneamente, pero normalmente lo que vale la pena requiere un esfuerzo de nuestra parte.

No te pierdas de lo más hermoso de la vida, abre tu corazón.

Mayte Alayón, San Antonio de los Altos, Julio 2009

Referencia Bibliográfica: Steiner, Claude (2002). “La Educación Emocional”. Madrid. Editorial Punto de Lectura.

sábado, 4 de julio de 2009

Una Buena Imagen Masculina



Dr. James Dobson - Psicólogo - Fundador del Ministerio Enfoque a la Familia


"Soy una madre soltera con un hijo de cinco años. ¿Cómo lo puedo criar para que se convierta en un hombre saludable que tenga una buena imagen masculina?
Su pregunta me hace pensar que se da cuenta de que su hijo tiene necesidades que usted no está adecuadamente equipada para satisfacer. Por tanto, su mejor opción consiste en pedirle ayuda a un hombre que pueda actuar como mentor de él; alguien que le pueda servir como modelo masculino.
En su libro Mothers and Sons [“Madres e hijos varones”], la autora Jean Lush, ya fallecida, habla de los retos a los que se enfrentan las madres solteras al criar a sus hijos varones. Dice que las edades de cuatro a seis años son especialmente importantes y difíciles. Estoy de acuerdo con ella. A esa edad, el niño aún está apegado a su madre, pero siente la necesidad de separarse de ella y acercarse a un modelo masculino. Si tiene al padre en la casa, lo normal es que quiera pasar más tiempo con él, sin su madre y sus hermanas. Si no tiene acceso al padre, entonces se debe hallar un sustituto.
Admito que puede ser difícil conseguir un buen mentor. Piense en amigos, parientes o vecinos que le puedan dedicar una o dos horas al mes. En un aprieto, hasta se puede “contratar” a un estudiante de secundaria maduro al que le guste compartir con niños, para que juegue a la pelota o salga a pescar con un niño necesitado.
Si usted forma parte de una iglesia, debería encontrar apoyo para su hijo entre los miembros varones de la comunidad cristiana. La Biblia ordena a las personas de fe que cuiden de los niños sin padre. Isaías 1:17 señala: “Haced justicia al huérfano, amparad a la viuda”. Jesús mismo sentó niños y niñas en sus rodillas y dijo: “Cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe” (Mateo 18:5).
Considero que los hombres cristianos tenemos la responsabilidad de ayudar a las madres solas en sus difíciles responsabilidades con sus hijos.
Ciertamente, son muchas las exigencias de tiempo y energía que tienen sobre sí las madres solas, pero el esfuerzo de hallar un mentor para sus hijos varones podría ser la contribución más valiosa que ellas hicieran a la vida de éstos".






Artículo tomado de Enfoque a la Familia: http://www.enfoquealafamilia.com/ Recomendamos este enlace por tratar sobre la pareja y familia, dentro del marco de las enseñanzas de las Sagradas Escrituras.

viernes, 3 de julio de 2009

Sembrando confianza para construir relaciones sólidas




Una buena relación requiere de una genuina comunicación y ésta solo es posible si hay confianza. Stephen Covey, experto en liderazgo y familia, y consultor de organizaciones, sostiene que la confianza es el "pegamento que mantiene unidas las relaciones". La confianza se construye a base de iniciativa que no es más que asumir nuestra responsabilidad de que las cosas sucedan; se trata de tomar las riendas de nuestras acciones y con valor y humildad trabajar para que nuestras relaciones familiares, amorosas, laborales y de amistad sean genuinas y satisfactorias.

Covey nos enseña que la confianza duradera de una relación no se puede fingir y rara vez se produce como resultado de un único esfuerzo espectacular sino que, por el contrario, "es el fruto de acciones regulares, inspiradas por la conciencia y el corazón".

Para ilustrar cómo sembramos en nuestras relaciones a través de éstas acciones Covey usa la metáfora de la cuenta bancaria emocional donde se realizan depósitos y retiros emocionales que la construyen o destruyen.

A continuación los 10 depósitos que debemos hacer para lograr una duradera y genuina confianza para mejorar la calidad de nuestras relaciones:

1.- Procurar primero entender antes de ser entendido.
Consiste en escuchar sin juzgar o sermonear, solamente escucha y trata de comprender al otro antes de comunicarle y defender tu punto de vista.

2.- Mantener las promesas.
Hacer promesas y no mantenerlas destruye la confianza. Es mejor no hacer promesas que hacerlas y no cumplirlas, no cedas a la tentación de hacer una promesa como una salida fácil; y si prometes, asegúrate de cumplir.

3.- Honestidad, franqueza, integridad.
Lo opuesto es manipulación y mentira. La integridad no solo es necesaria para tener buenas relaciones sino para nuestra salud psicológica y para nuestra efectividad en todo lo que emprendemos. La integridad se pierde cuando hacemos caso omiso a nuestra conciencia, cuando la negamos. Se requiere coraje para ser honestos e íntegros, pero definitivamente es la única manera de vivir relaciones plenas.

4.- Tener detalles y atenciones.
Los detalles y atenciones auténticos producen grandes beneficios. "Los adultos son niños grandes", afirma Covey, en el sentido que somos sensibles y agradecemos esas atenciones cuando vienen del corazón. No se trata de cosas grandes, en este sentido las pequeñas cosas son las importantes.

5.- Pensar en ganar-ganar o no hay trato.
Lamentablemente nos desenvolvemos en una sociedad con mentalidad de escasez, donde se tiende a pensar que mientras más gane el otro menos quedará para mí. Es necesario cambiar este paradigma y tener una mentalidad de abundancia, lo cual requiere ponerse a trabajar juntos para hallar una solución nueva y creativa que satisfaga los intereses de ambos. Se requiere, una vez más, de valor y humildad, pero esto redunda en una vinculación afectiva intensa y lealtad.

6.- Clarificar las expectativas.
Es una combinación de los depósitos mencionados. Requiere comprensión mutua y consiste en aclarar los roles y objetivos de los miembros de esa relación. La simple programación de unas vacaciones en pareja o grupo, requiere de este depósito: aclarar que espera cada uno de esas vacaciones, que va a realizar cada quien, ponerse de acuerdo a donde irán, que actividades realizarán y cómo. Muchas veces se dan por sentadas estas cosas y el resultado es de separación y enojo en lugar unión y satisfacción.

7.- Guardar lealtad a los ausentes.
Cuando esto se hace, los presentes, lo reconozcan o no, te admirarán y respetaran. Es parte de la integridad. Una salida posible, cuando alguien te habla mal de otro, es decirle: tal vez tengas razón, vamos a hablar con él/ella.

8.- Pedir disculpas.
Significa aprender a decir "yo me equivoqué, lo siento" o "disculpa, me equivoqué en mis palabras o acciones, y estoy esforzándome para corregir ambos". La disculpa debe ser genuina y sincera y sin autojustificación; además debe ir acompañada por un comportamiento consecuente con esa disculpa, corrigiendo el error.

9.- Dar y recibir información.
Todos compartimos la necesidad de recibir información, en especial sobre nuestros puntos débiles, por ello debemos dar a los demás información asertiva describiéndose usted mismo (sus sentimientos, sus preocupaciones, sus percepciones de lo que está ocurriendo) no a la otra persona, sin juzgar; esto propicia que el otro se abra a la información que le damos. Es sabio también pedir información al otro sobre cómo nos relacionamos con él, en qué podríamos mejorar.

10.- Perdonar.
El rencor daña más a quien lo siente que a la persona hacia quien se siente. Se debe perdonar que "implica dejarlo estar y pasar a otra cosa".


Haciendo estos 10 depósitos construimos confianza y logramos relaciones sólidas que son espontáneas, gratificantes y enriquecedoras.



Mayte Alayón - San Antonio de los Altos - Julio 2009


Referencia Bibliográfica: Covey, Stephen (2005). "El Octavo Hábito". Bogotá. Editorial Paidós.

Coaching - Conviértete en el entrenador de tu vida personal I




Cada uno de nosotros ha recibido una vida cuyo valor es incalculable, y cuya calidad en el día a día depende en gran medida de nuestras decisiones. El coaching es una proceso de asesoría para el desarrollo no sólo en el ámbito profesional sino también en el personal, se trata de una disciplina que permite a quien la ejerce apoyar al cliente a tomar las decisiones que le permitan alcanzar el éxito.


Enfocándonos en lo personal, podemos convertirnos en nuestro propio coach y apropiarnos de consejos de probada eficacia que nos permitirán crecer y alcanzar nuestro potencial para ser mejores, superarnos a nosotros mismos.

Comencemos por tres tips que te permitirán aumentar tu poder innato:

1.-Elimina todas las pequeñas molestias:

Se trata de ser grande en las pequeñas cosas. Para realizarte plenamente conviene hacer una revisión de las pequeñas molestias que soportas en tu vida cotidiana y eliminarlas, porque ellas te roban energía, te generan irritabilidad y te agotan.

Para comenzar toma una hoja de papel y haz una lista de todas aquellas cosas que te molestan, puede ser un aparato que no has arreglado, el desorden en tu casa u oficina, escasa vida social, facturas sin pagar, una rutina que no te satisface, un armario abarrotado de ropa que ya no usas, zapatos sin tapita, etc. etc. No hagas la lista mentalmente, es necesario escribir todo; pudiera ser que tu lista sea de treinta o más cosas. Si puedes ponerte de acuerdo con un amigo o amiga para alcanzar esta meta, sería genial pues pueden darse ánimo mutuamente.

Luego de hacer tu lista, tómate todo un sábado o domingo y comienza a trabajar en ella. No podrás terminar con la lista en un sólo día, podrías necesitar entre uno a tres meses para lograr eliminar todas esas cosas que te molestan y roban energía. Aquellas cosas que te parezcan imposibles de solucionar (p. ej: tu jefe, las largas colas para ir a trabajar), ponlas en una lista aparte ya te ocuparás de eso en su momento (yo en lo personal las incluyo en mi lista de oración para pedir ayuda al Todopoderoso para resolverlas y... ¡funciona!) Cuando hagas tu lista te darás cuenta de cosas que estás soportando en tu vida que te hacen daño y que simplemente no te habías detenido a pensar en ello. Una vez que empieces a eliminar tus pequeñas molestias, verás como tienes más energía, minimizas la pérdida de tiempo, te sentirás mejor.

2.- Créate diez hábitos diarios

Respira profundo, relájate y piensa en diez cosas que hacíendolas cada día mejorarían tu calidad de vida. El objetivo es encontrar nuevos hábitos que veas como una obligación sino de algo que realmente te agrade y te convenga hacer: podría ser llamar o mandar una nota cada día a alguien a quien aprecies, tomarte a diario quince minutos para estar a solas y relajarte, comer frutas, cada mañana orar unos minutos pidiendo a Dios su bendición para el nuevo día, hacer algo para mimarte todos los días (leer una revista, comprar flores, hacerte la manicure, colocarte una mascarilla), ordenar tus escritorio antes de irte de la oficina, hacer algún tipo de ejercicio físico que te guste, etc. . Una buena manera de ayudarte a establecer un nuevo hábito es realizar un registro de tus progresos y colócalo en un lugar visible, puedes usar un calendario y pegar un sticker de una estrella o carita feliz cada día que realices el hábito, está plenamente demostrado que reforzar la conducta multiplica la frecuencia en que ésta se da. De cualquier manera crea tu propio sistema, con tal de que lleves el registro de manera visible.

3.- Haz cada día algo que te haga ilusión

La forma en que se suele llevar la vida implica que las cosas que nos hacen ilusión las hacemos de manera tan esporádicas (vacaciones una vez al año, una reunión con amigos alguna vez cada tanto) que no es suficiente para dejar atrás la rutina, el aburrimiento y la monotonía.

Necesitamos llenarnos de buenas cosas que nos ilusionen, poniendo especial atención aquellas cosas pequeñas pero muy gratificantes: un paseo en el parque con la persona que amas, alquilar películas y verlas con tus amigos comiendo cotufas, tomar un baño de espumas, comprar flores para tu casa o la oficina para alegrarte el día, llevar dulces a tu trabajo y compartirlo con tus compañeros, invitar a tu vecina a tomar un té, invitar a algún amigo a cenar, ver una obra de teatro, invitar a tu jefe a comer o a tomarse algo después del trabajo; crea tu propia lista, para ayudarte piensa ¿cuál sería tu mañana ideal? ¿y tu noche ideal?. Asegúrate que cada día tengas algo especial que te espera.


Entusiásmate y comienza a llevar a la práctica estos tres consejos de auto-coaching, luego me cuentas.

Mayte Alayón, San Antonio de los Altos, Julio 2009.


Referencia bibliográfica: Miedaner, Talane (2002). "Coaching para el Exito". Madrid . Ediciones Urano.